Las fotografías de Yalta lo muestran sentado entre Churchill y Stalin, envuelto en su capa naval, con el rostro demacrado y la mirada perdida. Dos meses después, el 12 de abril de 1945, Franklin D. Roosevelt murió. Desde entonces se repite una pregunta incómoda: ¿estaba Roosevelt demasiado enfermo en Yalta para negociar con Stalin, y fue esa debilidad la que permitió que la Unión Soviética se quedara con media Europa?

Una enfermedad oculta
Roosevelt había quedado paralizado de las piernas por una enfermedad en 1921, aunque durante toda su presidencia ocultó al público hasta qué punto dependía de la silla de ruedas. Pero el problema de 1945 era otro. En marzo de 1944, un joven cardiólogo de la Marina, Howard Bruenn, lo examinó y descubrió que sufría hipertensión grave e insuficiencia cardíaca. El diagnóstico se mantuvo prácticamente en secreto. Roosevelt se presentó a las elecciones de noviembre de 1944 y ganó un cuarto mandato.
Sus médicos le impusieron reposo, una dieta estricta y una jornada de trabajo reducida. A principios de 1945 había perdido mucho peso y su aspecto preocupaba a quienes lo veían.
El viaje a Crimea
Stalin se negó a salir del territorio soviético y propuso Yalta, en Crimea. Para Roosevelt significó un viaje agotador: más de diez días por mar en el crucero USS Quincy hasta Malta, un vuelo nocturno hasta el aeródromo de Saki, en Crimea, y varias horas por carreteras de montaña hasta Yalta. La delegación estadounidense se alojó en el Palacio de Livadia, la antigua residencia de verano de los zares, donde también se celebraron las sesiones plenarias para ahorrarle desplazamientos.
Lo que vieron los testigos
Los testimonios sobre su estado son contradictorios. El médico de Churchill, Lord Moran, escribió en su diario que el presidente parecía un hombre muy enfermo y que tenía síntomas de un deterioro avanzado. Algunos miembros de la delegación británica lo encontraron distraído y poco preparado en ciertas sesiones. Churchill, años después, escribió que su amigo tenía una mirada lejana.
Otros testigos dicen lo contrario. Su intérprete, Charles Bohlen, y su secretario de Estado, Edward Stettinius, aseguraron que Roosevelt estuvo lúcido y al mando de la negociación. El propio doctor Bruenn, que lo vigiló durante todo el viaje, escribió que su tensión arterial era alarmante, pero que su capacidad mental en las reuniones era buena. Se cansaba con facilidad y descansaba mucho, pero en las sesiones discutía con conocimiento de los asuntos.
¿Cambió la enfermedad el resultado?
La mayoría de los historiadores actuales cree que no de forma decisiva. Sus argumentos:
- Los objetivos de Roosevelt se cumplieron. Fue a Yalta a conseguir tres cosas: la entrada de la URSS en la guerra contra Japón, el acuerdo sobre la ONU y una declaración sobre elecciones libres en Europa liberada. Obtuvo las tres sobre el papel.
- El mapa lo dibujaba el Ejército Rojo. En febrero de 1945 las tropas soviéticas ocupaban ya Polonia, Rumanía, Bulgaria y buena parte de Hungría, y estaban a unos setenta kilómetros de Berlín. Ningún negociador, sano o enfermo, podía sacarlas de allí sin una guerra.
- Las concesiones coincidían con su estrategia de siempre: cooperar con Stalin para asegurar la paz de la posguerra.
El historiador Serhii Plokhy, autor de uno de los estudios más completos sobre la conferencia, concluye que Roosevelt cometió errores, pero que su salud no fue la causa principal de los resultados.
La leyenda de la «entrega» de Europa
La imagen de un Roosevelt enfermo y engañado por Stalin se popularizó durante la Guerra Fría, sobre todo en Estados Unidos, donde sus adversarios políticos acusaron a su gobierno de haber «entregado» Europa del Este y China al comunismo. Contribuyó a esa idea que Alger Hiss, diplomático estadounidense presente en Yalta, fuera acusado años después de haber sido espía soviético, aunque su papel en la conferencia fue secundario.
La realidad es más compleja. El resultado de Yalta tuvo más que ver con la situación militar y con la confianza, quizá ingenua, de Roosevelt en que podía convertir a Stalin en un socio para la paz.
Los últimos dos meses
Al volver, Roosevelt presentó los acuerdos ante el Congreso el 1 de marzo de 1945. Por primera vez en su presidencia habló sentado, y pidió disculpas por ello mencionando el peso de los aparatos que llevaba en las piernas. Fue una de las pocas veces que aludió en público a su discapacidad. Murió el 12 de abril en Warm Springs, Georgia, de una hemorragia cerebral, mientras posaba para un retrato. Su vicepresidente, Harry Truman, que apenas sabía nada de lo negociado, heredó la Casa Blanca.
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Preguntas frecuentes
¿Qué enfermedad tenía Roosevelt en Yalta?
Hipertensión grave e insuficiencia cardíaca, diagnosticadas en 1944. Además, sufría parálisis de las piernas desde 1921.
¿Cuándo murió Roosevelt?
El 12 de abril de 1945, en Warm Springs, Georgia, dos meses después de Yalta.
¿Perdió Roosevelt Europa del Este por estar enfermo?
La mayoría de los historiadores cree que no: el Ejército Rojo ya ocupaba esos países y Roosevelt consiguió sus objetivos principales en la conferencia.
Para seguir leyendo
- ¿Qué se decidió en la Conferencia de Yalta?
- Polonia en Yalta: la «traición» que los polacos nunca olvidaron
- Roosevelt, Churchill y Stalin
Fuentes
- Plokhy, S. M. (2010). Yalta: The Price of Peace. Viking.
- Bruenn, H. G. (1970). Clinical notes on the illness and death of President Franklin D. Roosevelt. Annals of Internal Medicine, 72(4), 579-591.
- Lelyveld, J. (2016). His Final Battle: The Last Months of Franklin Roosevelt. Alfred A. Knopf.
- Dobbs, M. (2012). Six Months in 1945. Alfred A. Knopf.


