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Las mujeres de Stalingrado: artilleras, sanitarias y pilotos en la batalla

El 23 de agosto de 1942, los tanques de la 16.ª División Panzer alemana llegaron al Volga por el norte de Stalingrado, cerca de la gran fábrica de tractores. Allí se encontraron con una línea de cañones antiaéreos que bajaron sus tubos y empezaron a disparar contra ellos. La resistencia fue tan tenaz que los alemanes tardaron horas en silenciar las baterías. Cuando por fin lo lograron, descubrieron con asombro que muchos de los artilleros eran mujeres jóvenes. Es solo uno de los episodios que muestran el papel de las mujeres en la batalla de Stalingrado.

Mujeres sanitarias del Ejército Rojo durante la Segunda Guerra Mundial
Imagen: Emmanuil Yevzerikhin. Dominio público, vía Wikimedia Commons.

Una ciudad que no fue evacuada a tiempo

Cuando comenzó la ofensiva alemana sobre la ciudad, Stalin se resistió durante semanas a evacuar a la población civil, en parte para no transmitir la idea de que la ciudad podía caer. Cuando llegó el gran bombardeo del 23 de agosto, cientos de miles de civiles seguían allí. Las mujeres de Stalingrado vivieron la batalla de todas las formas posibles: como víctimas, como trabajadoras de las fábricas que seguían produciendo bajo el fuego y como combatientes.

Las artilleras antiaéreas

La Unión Soviética había movilizado a muchas mujeres para la defensa antiaérea, una tarea considerada menos expuesta que la infantería. En Stalingrado, esa idea se vino abajo. Las baterías del 1077.º Regimiento Antiaéreo, con muchas jóvenes entre sus filas, se vieron de repente en primera línea frente a los blindados alemanes. Combatieron con cañones pensados para disparar contra aviones, no contra tanques, y sufrieron enormes pérdidas.

Sanitarias en primera línea

Miles de mujeres sirvieron como sanitarias en las unidades de combate. Su trabajo consistía en arrastrar a los heridos fuera del fuego, a menudo cargando con hombres que pesaban el doble que ellas, y llevarlos hasta los puntos de evacuación junto al Volga. Desde allí, los heridos cruzaban el río en barcas y transbordadores bajo el fuego de la artillería y la aviación alemanas. Muchas sanitarias murieron en esa tarea. Algunas fueron condecoradas por haber rescatado a decenas de soldados.

Telefonistas, enlaces y francotiradoras

Las mujeres también mantenían las comunicaciones: telefonistas y operadoras de radio que reparaban líneas cortadas por los bombardeos y transmitían órdenes en los puestos de mando, muchas veces a pocos metros del enemigo. Otras sirvieron como francotiradoras, una especialidad en la que la Unión Soviética entrenó a miles de mujeres durante la guerra, la más famosa de las cuales fue Liudmila Pavlichenko.

Lidia Litviak, la «Rosa Blanca de Stalingrado»

En el cielo también hubo mujeres. La más célebre fue Lidia Litviak, piloto de caza soviética. En septiembre de 1942, sobre Stalingrado, derribó sus primeros aviones alemanes y se convirtió en una de las primeras mujeres de la historia en lograr un derribo en combate aéreo. Llevaba una flor pintada en su avión, lo que dio origen a su apodo, la «Rosa Blanca de Stalingrado».

Siguió combatiendo durante 1943 y sumó una docena de victorias, lo que la convierte en una de las dos únicas mujeres reconocidas como ases de la aviación de caza. Desapareció en combate el 1 de agosto de 1943, con 21 años. Sus restos no se identificaron hasta décadas después, y en 1990 recibió a título póstumo el título de Heroína de la Unión Soviética.

Otras aviadoras soviéticas, como las del regimiento de bombardeo nocturno conocido como las Brujas de la Noche, combatieron en el mismo frente sur durante esos meses.

Las obreras de las fábricas

Las grandes fábricas de Stalingrado, como la de tractores, siguieron produciendo y reparando tanques casi hasta que el frente llegó a sus naves. Muchos de los trabajadores eran mujeres. Hay relatos de tanques que salieron de la cadena de montaje directamente al combate, a veces con obreros a bordo.

Una memoria tardía

Como en el resto de la Unión Soviética, las mujeres que combatieron en Stalingrado volvieron a casa en 1945 a una sociedad que prefería no hablar de ellas. Muchas ocultaron sus medallas. Su historia empezó a contarse con su propia voz décadas después, sobre todo gracias al trabajo de periodistas como Svetlana Alexiévich, que en La guerra no tiene rostro de mujer recogió los testimonios de cientos de veteranas.

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Preguntas frecuentes

¿Combatieron mujeres en Stalingrado?

Sí. Hubo artilleras antiaéreas, sanitarias, telefonistas, francotiradoras y pilotos, además de miles de civiles y obreras que vivieron la batalla en la ciudad.

¿Quién fue la «Rosa Blanca de Stalingrado»?

Lidia Litviak, piloto de caza soviética, una de las dos únicas mujeres reconocidas como ases de la aviación. Murió en combate en 1943.

Para seguir leyendo

Fuentes

  • Alexiévich, S. (2015). La guerra no tiene rostro de mujer. Debate.
  • Beevor, A. (2000). Stalingrado. Crítica.
  • Pennington, R. (2001). Wings, Women, and War: Soviet Airwomen in World War II Combat. University Press of Kansas.
  • Krylova, A. (2010). Soviet Women in Combat. Cambridge University Press.