Al mediodía del 15 de agosto de 1945, por primera vez en la historia, los japoneses escucharon por radio la voz de su emperador. Hablaba en un japonés cortesano y arcaico que muchos apenas entendían, con una grabación de mala calidad. Pero el mensaje quedó claro: Japón aceptaba las condiciones de los aliados. La guerra había terminado. Durante décadas, la explicación aceptada fue sencilla: las bombas atómicas obligaron a Japón a rendirse. Hoy los historiadores discuten si fue realmente así. ¿Por qué se rindió Japón?

Un país derrotado que no se rendía
En el verano de 1945, Japón había perdido la guerra en cualquier sentido militar. Su flota estaba hundida, su aviación diezmada, sus ciudades arrasadas por los bombardeos incendiarios estadounidenses, como el de Tokio de marzo de 1945, que mató a unas cien mil personas en una sola noche. El bloqueo naval estrangulaba la economía y la población pasaba hambre.
Pero los jefes militares, que dominaban el gobierno, no querían una rendición incondicional. Esperaban infligir tantas bajas a una invasión estadounidense que Washington aceptara una paz negociada. Para eso preparaban la defensa de la isla de Kyushu con millones de soldados y civiles movilizados. Al mismo tiempo, el gobierno intentaba que la Unión Soviética, con la que tenía un pacto de neutralidad, mediara ante los aliados.
La condición irrenunciable para casi todos era conservar el sistema imperial y la figura del emperador.
Tres golpes en cuatro días
- 6 de agosto: la bomba atómica destruye Hiroshima.
- 9 de agosto, madrugada: la Unión Soviética declara la guerra a Japón y lanza una ofensiva masiva en Manchuria, como Stalin había prometido en Yalta.
- 9 de agosto, 11:02: la segunda bomba atómica cae sobre Nagasaki, mientras los líderes japoneses estaban reunidos discutiendo qué hacer.
La decisión del emperador
El Consejo Supremo de Guerra, formado por seis altos responsables, quedó empatado: tres querían aceptar la Declaración de Potsdam con la única condición de preservar al emperador; los otros tres, encabezados por el ministro de la Guerra, exigían más condiciones o seguir luchando.
En la noche del 9 al 10 de agosto, en un refugio antiaéreo del palacio imperial, el primer ministro Kantarō Suzuki hizo algo sin precedentes: pidió al emperador Hirohito que decidiera. El emperador se pronunció a favor de aceptar la rendición. Japón comunicó a los aliados que aceptaba Potsdam siempre que se respetaran las prerrogativas del emperador.
La respuesta aliada fue ambigua: la autoridad del emperador quedaría sujeta al comandante supremo aliado, y la forma de gobierno la decidiría el pueblo japonés. Los militares volvieron a resistirse. El 14 de agosto, el emperador intervino por segunda vez y ordenó aceptar.
El intento de golpe de Estado
Esa misma noche, un grupo de oficiales jóvenes intentó un golpe para impedir la rendición. Ocuparon parte del palacio imperial y buscaron la grabación del mensaje del emperador para destruirla. No la encontraron: estaba escondida. El golpe fracasó en pocas horas. Al día siguiente, el mensaje se emitió por radio. En él, el emperador mencionaba expresamente que el enemigo había empezado a usar una nueva y cruel bomba.
El gran debate: ¿bombas o soviéticos?
La visión tradicional: las bombas
Historiadores como Richard B. Frank sostienen que las bombas atómicas fueron decisivas. Daban al emperador y a los partidarios de la paz un argumento que los militares no podían rebatir: no se trataba ya de luchar con honor, sino de evitar la aniquilación del país. El propio emperador las citó en su mensaje.
La visión revisionista: la entrada soviética
Historiadores como Tsuyoshi Hasegawa argumentan que lo que realmente quebró la estrategia japonesa fue la declaración de guerra soviética. Japón ya había visto ciudades enteras destruidas por bombardeos convencionales; una más no cambiaba sus cálculos. Pero la entrada de la URSS acababa de golpe con las dos esperanzas del gobierno: la mediación soviética y la posibilidad de concentrar todas sus fuerzas contra una invasión estadounidense. Además, temían una ocupación soviética de parte de Japón.
Una respuesta combinada
Muchos historiadores concluyen que fue la combinación de ambos golpes, en apenas tres días, lo que permitió romper el bloqueo político. Probablemente, sin uno de los dos la rendición habría tardado más.
2 de septiembre de 1945: la rendición formal
La rendición se firmó oficialmente el 2 de septiembre de 1945 a bordo del acorazado estadounidense USS Missouri, en la bahía de Tokio. Firmaron por Japón el ministro de Asuntos Exteriores, Mamoru Shigemitsu, y el jefe del Estado Mayor, Yoshijirō Umezu, y por los aliados el general Douglas MacArthur y representantes de los países vencedores. La Segunda Guerra Mundial había terminado, seis años y un día después de la invasión alemana de Polonia.
No todos los soldados japoneses se enteraron. El caso más famoso es el del teniente Hiroo Onoda, que siguió combatiendo en la selva de una isla filipina hasta 1974, cuando su antiguo superior viajó hasta allí para ordenarle personalmente deponer las armas.
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Preguntas frecuentes
¿Cuándo se rindió Japón?
El emperador anunció la rendición por radio el 15 de agosto de 1945. La rendición formal se firmó el 2 de septiembre de 1945 a bordo del USS Missouri.
¿Se rindió Japón por las bombas atómicas?
Las bombas fueron un factor decisivo, pero muchos historiadores consideran igual de importante la declaración de guerra soviética del 9 de agosto. Probablemente fue la combinación de ambas.
¿Quién firmó la rendición de Japón?
Mamoru Shigemitsu y Yoshijirō Umezu por Japón, y el general Douglas MacArthur como comandante supremo aliado, junto a representantes de los países vencedores.
Para seguir leyendo
- ¿Por qué Truman lanzó la bomba atómica?
- Nagasaki: por qué hubo una segunda bomba
- ¿Qué se decidió en la Conferencia de Potsdam?
Fuentes
- Frank, R. B. (1999). Downfall: The End of the Imperial Japanese Empire. Random House.
- Hasegawa, T. (2005). Racing the Enemy: Stalin, Truman, and the Surrender of Japan. Harvard University Press.
- Butow, R. J. C. (1954). Japan’s Decision to Surrender. Stanford University Press.
- Hastings, M. (2008). Némesis: la derrota del Japón, 1944-1945. Crítica.


