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Los hibakusha: los supervivientes de Hiroshima y Nagasaki

En japonés existe una palabra para las personas que sobrevivieron a las bombas atómicas: hibakusha, que significa literalmente «personas afectadas por la bomba». Fueron cientos de miles. Muchas cargaron durante toda su vida con heridas, enfermedades, miedo y discriminación. Y muchas dedicaron sus últimos años a contar lo que vivieron para que nunca volviera a ocurrir. En 2024, su principal organización, Nihon Hidankyo, recibió el Premio Nobel de la Paz.

La Cúpula de la Bomba Atómica (Genbaku), en el Parque Memorial de la Paz de Hiroshima
Imagen: Balon Greyjoy. CC0, vía Wikimedia Commons.

El 6 y el 9 de agosto, a ras de suelo

Los testimonios de los supervivientes de Hiroshima y Nagasaki coinciden en los primeros segundos: un destello de una luz blanca y cegadora, el pika, seguido de un estruendo, el don, y de una onda expansiva que derribó edificios en kilómetros a la redonda. Muchos perdieron el conocimiento. Al despertar, la ciudad había desaparecido bajo una nube de polvo y humo.

Lo que siguió fueron horas de horror: incendios que se unían en una tormenta de fuego, personas con quemaduras terribles caminando en silencio, con la piel colgando de los brazos, buscando agua; ríos llenos de cuerpos de quienes se habían lanzado a ellos para escapar del calor. Al cabo de un rato cayó sobre partes de Hiroshima una «lluvia negra», cargada de hollín y partículas radiactivas.

En las escaleras de un banco de Hiroshima quedó grabada en la piedra la sombra de una persona que estaba sentada allí en el momento de la explosión. Hoy se conserva en el Museo Memorial de la Paz de la ciudad.

Una enfermedad desconocida

En los días y semanas siguientes, muchas personas que parecían haber sobrevivido sin heridas graves empezaron a enfermar: fiebre, vómitos, hemorragias en las encías, caída del cabello, manchas en la piel. Era el síndrome de radiación aguda, algo que los médicos japoneses apenas conocían. Muchos murieron.

A largo plazo, los supervivientes sufrieron un aumento de varios tipos de cáncer. La leucemia se disparó sobre todo en los años cincuenta. Muchos vivieron con cicatrices, queloides y secuelas físicas, y con el miedo constante a enfermar o a transmitir daños a sus hijos.

Sadako y las mil grullas

La historia más conocida es la de Sadako Sasaki. Tenía dos años cuando cayó la bomba sobre Hiroshima, a poco más de un kilómetro y medio de su casa, y aparentemente salió ilesa. Diez años después, en 1955, le diagnosticaron leucemia. En el hospital empezó a hacer grullas de papel, siguiendo una tradición japonesa según la cual quien pliega mil grullas puede pedir un deseo. Murió ese mismo año, con doce años.

Sus compañeros de escuela impulsaron la construcción de un monumento en su memoria y en la de todos los niños víctimas de la bomba: el Monumento a los Niños por la Paz, en el Parque Memorial de Hiroshima, donde cada año llegan millones de grullas de papel de todo el mundo.

El estigma

A las heridas se sumó la discriminación. Muchos hibakusha ocultaron su condición porque temían ser rechazados. Circulaban miedos infundados de que la radiación fuera contagiosa o de que sus hijos nacerían con malformaciones. Algunas familias se negaban a que sus hijos se casaran con supervivientes, y hubo empresas que evitaban contratarlos. Durante años, además, las autoridades de ocupación estadounidenses restringieron la publicación de información sobre los efectos de la bomba.

Entre las víctimas había también miles de coreanos, muchos de ellos llevados a Japón como trabajadores forzados, cuyo sufrimiento tardó todavía más en ser reconocido.

Tsutomu Yamaguchi, el superviviente de las dos bombas

Tsutomu Yamaguchi, ingeniero de Mitsubishi, estaba en Hiroshima por un viaje de trabajo el 6 de agosto. Sufrió quemaduras y regresó a su ciudad, Nagasaki. El 9 de agosto, mientras le contaba a su jefe lo que había visto en Hiroshima, la segunda bomba estalló sobre Nagasaki. Sobrevivió también. En 2009 el gobierno japonés lo reconoció oficialmente como superviviente de los dos bombardeos. Murió en 2010, a los 93 años.

Contar para que no se repita

En 1956 los supervivientes fundaron la Confederación Japonesa de Organizaciones de Víctimas de las Bombas A y H, Nihon Hidankyo. Lucharon por el reconocimiento y la asistencia médica a los hibakusha y, sobre todo, contra las armas nucleares. Durante décadas, cientos de supervivientes contaron sus historias en escuelas, en las Naciones Unidas y en todo el mundo.

En 2024, el Comité Nobel otorgó a Nihon Hidankyo el Premio Nobel de la Paz por sus esfuerzos para lograr un mundo sin armas nucleares y por demostrar, a través de sus testimonios, que nunca deben volver a utilizarse. La edad media de los supervivientes que siguen vivos supera ya los ochenta y cinco años. Pronto ya no quedarán testigos directos.

Hiroshima y Nagasaki 1945, de David Cabrera

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Preguntas frecuentes

¿Qué significa hibakusha?

Es la palabra japonesa para los supervivientes de las bombas atómicas de Hiroshima y Nagasaki. Significa «personas afectadas por la bomba».

¿Quién fue Sadako Sasaki?

Una niña de Hiroshima que sobrevivió a la bomba con dos años y murió de leucemia a los doce, en 1955. Su historia de las mil grullas de papel la convirtió en un símbolo de la paz.

¿Por qué Nihon Hidankyo ganó el Premio Nobel de la Paz?

Por su lucha durante décadas contra las armas nucleares, basada en los testimonios de los supervivientes de Hiroshima y Nagasaki. Lo recibió en 2024.

Para seguir leyendo

Fuentes

  • Hersey, J. (1946). Hiroshima. Alfred A. Knopf.
  • Hachiya, M. (1955). Hiroshima Diary. University of North Carolina Press.
  • Southard, S. (2015). Nagasaki: Life After Nuclear War. Viking.
  • Comité Nobel Noruego (2024). Comunicado del Premio Nobel de la Paz 2024 a Nihon Hidankyo.