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Nagasaki: por qué hubo una segunda bomba atómica

La ciudad que debía ser destruida el 9 de agosto de 1945 no era Nagasaki, sino Kokura. Si aquella mañana el cielo sobre Kokura hubiera estado despejado, hoy Nagasaki sería una ciudad más de Japón y Kokura un nombre grabado en la memoria del mundo. La historia de la bomba de Nagasaki es la de una misión que estuvo a punto de fracasar y la de una pregunta que todavía se discute: ¿por qué hubo una segunda bomba solo tres días después de Hiroshima?

Nube atómica sobre Nagasaki, 9 de agosto de 1945
Imagen: Hiromichi Matsuda (松田 弘道, 1900-1969)[2]. Dominio público, vía Wikimedia Commons.

Por qué una segunda bomba

Tras la destrucción de Hiroshima el 6 de agosto, Truman anunció al mundo la existencia de la bomba atómica y advirtió a Japón de que, si no aceptaba la rendición, podía esperar «una lluvia de ruina desde el aire». Pero el gobierno japonés no se movió. El Consejo Supremo de Guerra estaba dividido: algunos ministros querían aceptar la Declaración de Potsdam; los jefes militares se negaban.

No hubo una nueva decisión presidencial para lanzar la segunda bomba. La orden dada a finales de julio autorizaba a lanzar más bombas en cuanto estuvieran listas. La bomba de plutonio, Fat Man, estaba preparada en Tinian, y el pronóstico meteorológico anunciaba varios días de mal tiempo a partir del 10 de agosto. La misión se adelantó al día 9. Para los mandos estadounidenses, se trataba también de demostrar a Japón que Hiroshima no había sido un caso aislado y que Estados Unidos podía seguir lanzando bombas.

La misión del Bockscar

El avión elegido fue el B-29 Bockscar, pilotado por el mayor Charles Sweeney, que había volado en la misión de Hiroshima pilotando el avión de instrumentos. Antes del despegue se descubrió que una bomba de combustible no funcionaba, lo que dejaba inutilizables unos dos mil litros de combustible de un depósito de reserva. Se decidió volar igualmente.

Los problemas se encadenaron. El punto de encuentro con el avión de fotografía falló y Sweeney perdió unos cuarenta minutos dando vueltas esperándolo. Cuando por fin llegó a Kokura, la ciudad estaba cubierta de humo y bruma, en parte por los incendios de un bombardeo convencional sobre una ciudad vecina el día anterior. Las órdenes exigían apuntar visualmente. Tras tres pasadas sin poder ver el objetivo, con la artillería antiaérea japonesa disparando y el combustible menguando, Sweeney se dirigió al objetivo secundario: Nagasaki.

En Japón todavía se usa la expresión «la suerte de Kokura» para referirse a quien escapa de una catástrofe sin saberlo.

11:02 de la mañana

Nagasaki también estaba nublada. Con combustible solo para una pasada, la tripulación estaba a punto de intentar un lanzamiento por radar, en contra de las órdenes, cuando el bombardero Kermit Beahan encontró un hueco entre las nubes. A las 11:02, hora local, soltó la bomba.

Fat Man estalló a unos 500 metros de altura sobre el valle de Urakami, a unos tres kilómetros del punto de mira previsto en el centro de la ciudad. Era más potente que la bomba de Hiroshima, pero las colinas que rodeaban el valle contuvieron parte de la destrucción y protegieron el centro histórico y el puerto.

Lo que destruyó

El valle de Urakami quedó arrasado. Allí estaban grandes fábricas de armamento de la empresa Mitsubishi, pero también barrios residenciales, escuelas, un hospital universitario y la catedral de Urakami, en el corazón de la comunidad católica más antigua de Japón, que había sobrevivido a siglos de persecución. La catedral se derrumbó con sacerdotes y fieles en su interior.

Se calcula que unas 40,000 personas murieron en el momento de la explosión y que la cifra llegó a unas 70,000 a finales de 1945. Entre las víctimas había trabajadores forzados coreanos y prisioneros de guerra aliados.

El Bockscar no tenía combustible para volver a Tinian. Sweeney se dirigió a Okinawa, donde aterrizó de emergencia con los depósitos prácticamente vacíos.

El mismo día, otra bomba: la entrada de la Unión Soviética

Pocas horas antes de la explosión de Nagasaki, poco después de la medianoche del 9 de agosto, la Unión Soviética había declarado la guerra a Japón y había lanzado una ofensiva masiva en Manchuria, tal como Stalin había prometido en Yalta. Para el gobierno japonés, que aún esperaba que Moscú mediara para conseguir una paz negociada, fue un golpe devastador. Qué pesó más en la decisión de rendirse, si las bombas o la entrada soviética, es uno de los grandes debates de la historia; lo analizamos en ¿Por qué se rindió Japón?

Hiroshima y Nagasaki 1945, de David Cabrera

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Preguntas frecuentes

¿Por qué se lanzó la bomba en Nagasaki?

Nagasaki era el objetivo secundario. El objetivo principal era Kokura, pero estaba cubierta de humo y nubes, y el avión, con poco combustible, se desvió a Nagasaki.

¿Cuántas personas murieron en Nagasaki?

Unas 40,000 en el momento de la explosión y alrededor de 70,000 a finales de 1945.

¿Qué avión lanzó la bomba de Nagasaki?

El B-29 Bockscar, pilotado por el mayor Charles Sweeney.

Para seguir leyendo

Fuentes

  • Southard, S. (2015). Nagasaki: Life After Nuclear War. Viking.
  • Sweeney, C. W. (1997). War’s End: An Eyewitness Account of America’s Last Atomic Mission. Avon Books.
  • Rhodes, R. (1986). The Making of the Atomic Bomb. Simon & Schuster.
  • Frank, R. B. (1999). Downfall: The End of the Imperial Japanese Empire. Random House.