El 28 de junio de 1919, exactamente cinco años después del asesinato del archiduque Francisco Fernando en Sarajevo, los representantes de Alemania firmaron en el Salón de los Espejos del Palacio de Versalles el tratado que ponía fin oficialmente a la Primera Guerra Mundial. Los vencedores lo celebraron como una paz justa. En Alemania lo llamaron Diktat, una paz impuesta. Veinte años después, Europa estaba otra vez en guerra. Entender el Tratado de Versalles es entender una de las raíces de la Segunda Guerra Mundial.

Qué fue el Tratado de Versalles
Fue el acuerdo de paz entre las potencias aliadas (Francia, el Reino Unido, Estados Unidos, Italia y otros países) y Alemania, negociado en la Conferencia de Paz de París de 1919. Alemania no participó en las negociaciones: se le presentó el texto y se le dio a elegir entre firmarlo o enfrentarse a la reanudación de la guerra. Lo firmó.
Las decisiones las tomaron sobre todo tres hombres con objetivos muy distintos: el primer ministro francés Georges Clemenceau, que quería una Alemania debilitada para siempre; el británico David Lloyd George, que buscaba castigar a Alemania sin hundirla, y el presidente estadounidense Woodrow Wilson, que soñaba con una paz basada en la autodeterminación de los pueblos y una Sociedad de Naciones.
Qué le impuso el tratado a Alemania
Pérdidas territoriales
Alemania perdió alrededor del 13 por ciento de su territorio europeo y cerca del 10 por ciento de su población. Alsacia y Lorena volvieron a Francia. Polonia renació como Estado y recibió un acceso al mar, el «corredor polaco», que separó Prusia Oriental del resto de Alemania. Danzig se convirtió en ciudad libre bajo la Sociedad de Naciones. Alemania perdió también todas sus colonias.
Desarme
El ejército alemán quedó limitado a 100,000 hombres, sin tanques, sin aviación militar y con una marina reducida al mínimo. Renania, la región fronteriza con Francia, quedó desmilitarizada y ocupada temporalmente por tropas aliadas.
La «cláusula de culpa» y las reparaciones
El artículo 231 establecía la responsabilidad de Alemania y sus aliados por los daños causados en la guerra. Sobre esa base se le exigieron reparaciones económicas, cuya cifra se fijó en 1921 en 132,000 millones de marcos oro. Para muchos alemanes, ese artículo fue la mayor humillación: los declaraba culpables de una guerra que sentían haber peleado con honor.
Por qué tantos alemanes lo odiaron
En noviembre de 1918 Alemania pidió el armisticio sin que ningún soldado enemigo pisara su territorio. Para buena parte de la población, el ejército no había sido derrotado. De ahí nació la leyenda de la puñalada por la espalda: la idea de que Alemania había sido traicionada desde dentro por políticos, socialistas y judíos. Era falsa, porque los propios jefes militares habían reconocido que la guerra estaba perdida, pero se volvió muy popular.
La República de Weimar, el nuevo régimen democrático que firmó el tratado, quedó para siempre manchada por él. Sus enemigos de derecha llamaron a sus dirigentes «los criminales de noviembre».
¿Fue demasiado duro? El debate de los historiadores
Ya en 1919 el economista británico John Maynard Keynes, que había participado en la conferencia, publicó Las consecuencias económicas de la paz, donde advertía que las reparaciones arruinarían a Alemania y desestabilizarían Europa. Su libro fue enormemente influyente y durante décadas marcó la visión de Versalles como una paz vengativa.
Muchos historiadores actuales matizan esa idea. Alemania conservó la mayor parte de su territorio y su potencial industrial, y en realidad pagó solo una parte de las reparaciones exigidas. El problema, según esta visión, no fue tanto que el tratado fuera demasiado duro, sino que fue lo bastante duro para humillar a Alemania y no lo bastante para impedir que se recuperara. Y los vencedores no tuvieron después la voluntad de hacerlo cumplir.
Se atribuye al mariscal francés Ferdinand Foch una frase profética sobre el tratado: que no era una paz, sino un armisticio de veinte años.
Cómo Hitler aprovechó Versalles
Adolf Hitler construyó buena parte de su discurso sobre el rechazo al tratado. Prometía romper las «cadenas de Versalles», recuperar los territorios perdidos y devolver a Alemania su ejército. Y lo cumplió paso a paso: en 1935 anunció el rearme y el servicio militar obligatorio; en 1936 remilitarizó Renania; en 1938 se anexionó Austria y los Sudetes; en 1939 exigió Danzig y el corredor polaco. Cada paso violaba el tratado, y cada vez las potencias occidentales cedieron. La última exigencia, sobre Polonia, desembocó en la guerra.
Otros factores fueron tan importantes como Versalles, sobre todo la hiperinflación de 1923 y la Gran Depresión de 1929. Pero sin el resentimiento creado por el tratado, el mensaje de Hitler habría encontrado mucho menos eco.
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Preguntas frecuentes
¿Cuándo se firmó el Tratado de Versalles?
El 28 de junio de 1919, en el Salón de los Espejos del Palacio de Versalles, cerca de París. Entró en vigor en enero de 1920.
¿Por qué el Tratado de Versalles causó la Segunda Guerra Mundial?
No la causó por sí solo, pero creó un profundo resentimiento en Alemania, debilitó a la República de Weimar y dio a Hitler un argumento central: deshacer la «humillación» de 1919.
¿Estados Unidos firmó el Tratado de Versalles?
Lo firmó, pero el Senado estadounidense nunca lo ratificó, y Estados Unidos tampoco entró en la Sociedad de Naciones que el propio Wilson había impulsado.
Para seguir leyendo
- La hiperinflación alemana de 1923: cuando el dinero dejó de valer
- ¿Cómo llegó Hitler al poder?
- El Pacto de Múnich de 1938: la paz que no fue
Fuentes
- MacMillan, M. (2005). París, 1919: seis meses que cambiaron el mundo. Tusquets.
- Keynes, J. M. (1919). The Economic Consequences of the Peace. Macmillan.
- Kershaw, I. (2016). Descenso a los infiernos: Europa 1914-1949. Crítica.
- Evans, R. J. (2005). La llegada del Tercer Reich. Península.


